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Que un gobierno, sea del país que sea, diga que un terremoto es un “castigo divino” me rompe las pelotas tremendamente. Un castigo, pero no divino, para los que tenemos dos dedos frente es ver cómo los ignorantes (o ciegos voluntarios, que también los hay) piensan que todo lo que nos pasa en este planeta es una casualidad, un accidente, cierto devenir azaroso de un grupo de divinidades crueles…

Tras un tsunami generado por un terremoto brutal no se oyen a los creacionistas alzar la voz. La idea de “diseño inteligente” queda por los suelos cuando los muertos se cuentan por miles, pero hay algunos que ya sabemos que no tiene nada de “inteligente” poner a vivir a una civilización sobre una bola de magma incandescente que se gira a 50.000 km/h dando vueltas en torno  bola de gas que vive constantemente en límite del “ahora-exploto-ahora-no”.

El Parque Nacional de Yellowstone, en Estados Unidos, está sobre un cráter gigante de un volcán que, según hemos averiguado, hace explosión cada 600.000 años. La última erupción se contabilizó hace 630.000 años. Si ese volcán estalla, que lo hará, nada sobre la faz de la tierra sobreviviría… Aquí en Europa tendríamos unos minutos más antes de ver una columna de humo mortal acercarse.

¡Castigo divino es tener un hacedor tan inepto!

Ben Ali, Hosni Mubarak y ahora… ¿Gadafi? Todos huyen. Toman el dinero y corren. Cobardes.

Seguro que Saddam Hussein les maldice desde el más allá: “a mi, como me perseguían los americanos, ni dios se atrevió a darme asilo, ¿no? ¡¡CABRONES!!”.

Si los que consiguen echarte son tus conciudadanos a sabiendas de que si se manifiesta, pueden morir en el intento. Si te has asegurado de amasar una fortuna incalcubale a base de gobernar dictatorialmente durante décadas. Si reprimes con mano de hierro cualquier oposición o libre circulación de ideas… ¡Entonces no hay problema para que cualquier otro hijo de puta te permita entrar en su país, en otra parte del mundo y dé la bienvenida así a tus petro dólares o lingotes de oro!

A Saddam lo ahorcaron.

Yo guillotino,
Tú guillotinas,
Él guillotina…

Por fin llueve en Madrid. Desde este medio día de domingo cae un agua cobriza que tira por el desagüe gran parte de la contaminación atmosférica que flotaba en la ciudad desde hacía días. Ahora, ese agua que parece barro, se dedicará a contaminar el subsuelo de otra localidad dejando al ayuntamiento de Madrid, de nuevo, fuera del foco de los medios y las protestas.

Me ha costado mucho redactar este artículo porque sé que estoy dando demasiada notoriedad a un personaje que merecería ni media atención. Me he decidido finalmente a hacerlo por la punzadita de conciencia democrática que me ataca de vez en cuando.

Ana Botella, la mujer del expresidente Jose María Aznar y legionaria de cristo, es -para desgracia de todos los que vivimos en ella- concejal de medio ambiente en la ciudad de Madrid. Entró sin hacer excesivo ruido y a modo de contrapeso radical del peligroso Gallardón. ¿Concejalía? ¡Da igual! “La que sea – debieron pensar en el PP – en una que no tenga excesiva relevancia”. Para desgracia de nuestro planeta, así es como se ve todo lo relacionado con el Medio Ambiente.

Todo iba bien; la Botella hacía nada y menos: simplemente con aparecer por cuatro actos cualquiera le valía para recordar a los ancianos del lugar que en Madrid seguía gobernando la derecha. Las conversaciones y puntuales actualizaciones a Aznar, Rajoy y Aguirre sobre el loco de Alberto estarían a la orden del día. Sé feacientemente que la presidenta y la concejal comparten peluquería. Y mientras, chupándo del tarro del erario público.

Los problemas llegaron cuando las alarmas empezaron a avisar del alto nivel de contaminación en las calles de la ciudad. La primera medida del equipo de la concejalía de medio ambiente (porque estoy seguro de que esta señora es completamente incapaz de tomar una decisión así) fue mover los medidores de CO2 a unas zonas mucho menos contaminadas, burlando así -temporalmente- las mediciones de contaminación que últimamente tanto molestan a Europa.

Al no llegar la lluvia y la ponzoña ambiental aumentar exponencialmente, el parche de la mudanza de las estaciones salió a la luz. La opinión pública se echó encima de la concejal que, acostumbrada a cobrar sin abrir la boca, a presentarse en actos sin aceptar preguntas o a asegurar que no se pueden sumar peras con manzanas; se puso a la defensiva diciendo (sobre la contaminación): que más asfixia el paro.

A esta señora, que nunca recibió un voto, que solo ha hecho una cosa en la vida (casarse con) y que debe estar segura de que la evolución es un timo; no le importa lo más mínimo el cambio climático, solo vive para hacer partidismo y se deja manejar a su antojo desde la dirección del PP en el que ingresó hace veinte años. Esta señora, que parece que no llegó a entender (o aceptar) lo que es la democracia, será la alcaldesa de Madrid en caso de que gane de nuevo Gallardón y éste decida entrar en la carrera por el parlamento en 2012.

Ding-dong-ding… Próxima estación…

Kirby Ferguson, un cineasta de Nueva York, ha producido una serie de cuatro capítulos (de los cuales solo han sido lanzados dos, embebidos más abajo) en los que explica con bastante éxito en qué consiste la cultura del “remix”. Mezcla, reinterpretación y lanzamiento de discos, películas y lo que se ponga por delante con tal de satisfacer al mercado y asegurar que la máquina siga en funcionamiento.

Ferguson llega a afirmar que “todo es un remix”, despertando así (de manera velada y haciendo pensar) el debate sobre qué es el copyright de las obras culturales y cómo se aprovechan los creadores de todo lo que ya se ha hecho antes para realizar una pieza supuestamente original.

No tiene desperdicio.

Everything is a Remix from Kirby Ferguson on Vimeo.

Everything is a Remix Part 2 from Kirby Ferguson on Vimeo.

El libro de ruta del Partido Popular empieza estar claro: en mayo de este año comienza una carrera que debe (casi imperativamente) acabar en 2012 con Mariano Rajoy en La Moncloa. Cualquier otra cosa sería dejar al partido herido de muerte y en manos del sector más ultra del mismo. La estrategia es tan simple que no se le escapa a nadie: el PSOE anda tan hundido en las encuestas que sacar pecho es lo más sensato: “no nos importa quién sea el candidato del Partido Socialista, tenemos que tomar el control para arreglar el desaguisado montado por ZP”.

Si bien es cierto que la reacción a la crisis global no ha sido la más efectiva no podemos obviar que durante el gobierno de Zapatero se han logrado ciertos hitos en los derechos de los ciudadanos que nos han puesto a la vanguardia de Europa. La principal bandera ha sido la ley del matrimonio entre personas del mismo sexo pero no podemos olvidar la ley del aborto, la (fallida-por-la-crisis) ley de dependencia o la ley de memoria histórica (para los que se lancen sobre mi como lobos hambrientos de debate dejé clara mi opinión sobre la Ley de economía sostenible que incluía las medidas que tan famosa han hecho a la ministra Sinde).

Precisamente en esta última quería centrarme ya que me toca la fibra sensible al ser una ley que hace algo que casi nadie ha conseguido hasta la fecha: dar trabajo a historiadores.

La segunda parte del plan del PP es explicar donde le dejen todo lo que haría en caso de ocupar la presidencia del gobierno. Hace meses se desmarcó diciendo en El País que el paquete de medidas de Cameron en el Reino Unido es un modelo a seguir para él y, recientemente, en una serie de entrevistas que le están haciendo en El Mundo ha dicho que quiere:

“…derogar la actual Ley del Aborto y restablecer la anterior, eliminar el Canon Digital y sustituirlo por un sistema más justo de protección de los derechos de autor y modificar la Ley de Memoria Histórica para que no pueda ser utilizada como un circo político.”

También reparte de lo lindo contra la imposición de la asignatura de Educación para la ciudadanía y la reforma que se hizo de las escuelas públicas.

Cuando Rajoy, con ese toque campechano y paletín que despierta menos animadversión por él que por otros compañeros de partido, dice que quiere modificar la Ley de Memoria Histórica para que no pueda ser utilizada como un circo político lo primero que pienso es: si, como parece, llega a La Moncloa se acabaron las excavaciones y la apertura de fosas.

Más allá de la justicia que debe hacerse para que la gente pueda enterrar a sus muertos de manera decente, más allá de que los expertos saquen a la luz las atrocidades ocultas durante tanto tiempo bajo el yugo de la amenaza constante, más allá de que mataran unos y murieran otros; esta ley da dignidad a un gremio que rara vez consigue dar sentido a tantos años de esfuerzo en la facultad y, por extensión, dignifica a nuestro país de cara al exterior.

Yo mido el desarrollo de un país con un barómetro muy particular: la cantidad de estudiantes de letras que no son abandonados por el sistema y tienen que buscar trabajo de lo que sea porque resulta imposible aplicar en la vida diaria los conocimiento tan útiles que han adquirido durante su etapa universitaria.

Mi útimo viaje a Alemania me hizo ver cómo estudiar el pasado y tenerlo muy presente gracias a historiadores y filósofos es no solo bueno, sino una obligación moral de cara al resto del mundo. Hay que decir bien alto que los errores cometidos en el pasado no se volverán a cometer y que nada hace más por el futuro que el estudio del pasado.

Entrada de Auschwitz - From Wikipedia

Los alemanes no han derruido nada que sobreviviera a la segunda gran guerra a modo de recordatorio. Esto pasó, no lo podemos negar. Estudiemoslo, debatamos, invirtamos dinero en mantenerlo vivo y presente. ¡Eso es lo que debería hacerse en todos los lados!

El verdadero peligro está en pensar que no hay nada que recordar porque todo lo que se hizo, hecho está y que pelillos a la mar…

Perdonar, sí. Olvidar, no.

¿Es justo recortar derechos adquiridos por los ciudadanos en legislaturas anteriores? ¿No es equiparable esto a que los derechos adquiridos por los trabajadores dentro de una empresa no es posible rebajarlos o recortarlos mientras estén trabajando en ella?

No hay nada desde el punto de vista jurídico ni moral que yo pueda aportar sobre la Ley Sinde. No soy jurista, ni soy filósofo; no soy director de cine, ni gurú de la cultura libre; a mi familia no la sustenta un precario sueldo cultural, ni tengo ningún negocio de reprografía. ¿Qué pinto entonces en todo esto? Voy a gastar unos cuantos párrafos intentando averiguarlo.

Pequeña declaración: estoy absolutamente en contra del paquete de medidas que el gobierno quiere aprobar para erradicar las descargas ilegales (lo que, por abreviar, los medios de comunicación han decidido bautizar como “Ley Sinde”). Me parece una auténtica aberración que un funcionario pueda cerrar una página web porque se trata de un sitio que vulnera las leyes de propiedad intelectual sin que medie ningún juez; mientras que atrapar a un tarado mental que trafica con pornografía infantil se necesite, para informar a la policía su identidad y dirección, una orden firmada por un juez.

En este mundo de locos es en el que nos movemos hoy en día.

Cuando se dio a conocer hace más o menos un año no tardaron los internautas en movilizarse y publicar un manifiesto denunciando este atropello a las libertades y defendiendo la existiencia de métodos alternativos.

En un afán conciliador, desde el ministerio convocaron a varios “expertos” en el medio digital y a la Asociación de Internautas para que discutieran las medidas propuestas. Este movimiento en apariencia inocente y que tiende la mano al diálogo y al consenso no resultó ser más que una maniobra política. Gracias a los medios afines (y no tan afines, hay que decirlo), supimos que un montón de gente que no le cae bien a casi nadie, fue a hablar con una ministra en nombre de “los internautas” sin que nadie les eligiera más allá de los responsables del ministerio.

Estos expertos se rompieron la boca diciendo que ellos no representaban a nadie y que no podían hablar en nombre de los cientos de miles de personas que se conectan a Internet todos los días desde España. Un año después vemos que gran parte de ellos se han corrompido por el poder de la influencia. No hay egos más grandes que los que te encuentras por Internet.

En el punto de mira de todo el debate está el “Cine Español” (al que, pese a su interesante heterogeneidad, se conoce como un único ente acaparador de subvenciones) aunque a músicos como Alejandro Sanz (y su cuenta de Twitter) les duela en el alma. Otro día me dará por dedicarme a solucionar todos los problemas de la industria musical, pero hoy toca la cinematográfica (¿qué os decía en el párrafo anterior sobre los egos que te puedes encontrar en la red?).

Lo ha dicho Alex de la Iglesia hace no mucho tiempo: “Hay que hacer mejores películas”. El año pasado fue nefasto para la recaudación de las películas nacionales. ¿Culpa de la piratería o culpa de que los guiones son lamentables, que no hay ideas originales y de que, muchas de las películas que se lanzan, se hacen “porque se tienen que hacer”?

Al gobierno no le tembló la mano cuando tuvo que tomar medidas drásticas y hacer una reforma laboral que mermó radicalmente los derechos laborales de los asalariados para motivar a los empresarios. Sin escrúpulos, “algo que debía hacerse”. ¿Crearán puestos de trabajo dicha reforma? Puede que sí o puede que sea un fracaso (y haya que cambiarla), algo parecido debería hacerse en el cine.

¿Y qué medidas pueden hacer mejorar la salud del cine español? Lo tengo muy claro:

1. Fin irrevocable e inmediato de todo tipo de subvención pública para la realización de películas.

2. Prohibición de estrenar películas en los cine con su versión doblada. Obligatorio, por decreto, que todos los cines sean de versión original.

3. Difusión del cine por canales alternativos y buscando modelos de negocio que respondan a una sociedad que ha cambiado tremendamente en los últimos años.

Si @AlexdelaIglesia pusiera todo el esfuerzo que está invirtiendo en discutir sobre el sexo de los ángeles (González-Sinde) con los gurús en Twitter, la recaudación de este año del cine español habría alcanzado niveles de récord. ¿Por qué no se ha aprovechado este embrollo sobre las descargas para analizar un poco mejor la industria de entretenimiento que hay en nuestro país? Las tres medidas anteriores son solo la punta del iceberg. El cambio debe ser profundo y llegar a todos los ámbitos de la cultura para que sea efectivo.

La música no lo ha conseguido… ¿Podrá guiarnos el cine?