Berta, cuando tenías tan solo año y medio comenzó la privatización del Canal de Isabel II. Esta empresa era pública, nos pertenecía a todos ya que estaba gestionado por los que -en teoría- nos representan. Resulta además ser la empresa que gestiona y nos suministra de la primera palabra con consciencia y sentido que nos dices en tu vida: “agua”. Empezaste a decirlo hace varias semanas y desde entonces te has vuelto adicta. Cuando nos dices “agua” nosotros vamos a la cocina y te damos un vaso para que bebas, y creo que te gusta tanto ver cómo tus palabras tienen una consecuencia inmediata como la diversión que conlleva ponerse el vaso en la boca y echar un trago. Disfrutas cada uno de ellos. Cuando terminas de beber te relames y sueltas un “aaaaaaaaaah” que nadie te ha enseñado.
Si preguntas a cualquier persona mayor te dirá que Madrid era conocido por la calidad de su agua, el Canal de Isabel II consiguió algo que en muy pocos gestores del agua consiguieron a lo largo de nuestra geografía: que el agua fuera, efectivamente, inolora, insípida e incolora. Todo eso, mucho me temo, quedará olvidado cunado esta empresa -cuya preocupación máxima debería ser siempre la calidad del servicio- se centre más en dar beneficios a sus accionistas que en prestar un gran servicio (y barato, para qué lo vamos a negar) a los ciudadanos. Todo esto viene amparado por una excusa barata: la deuda madrileña es una pesadilla de la que está siendo difícil de despertar en parte por las promesas electorales de la gente que está ahora en el poder, te explico:
Durante muchos años en Madrid, más kilómetros de Metro suponían más votos. Hacer túneles y líneas de suburbano no es barato y la promesa de mejores infraestructuras, la inyección de capital (que parecía salir de ninguna parte) y la promesa de los puestos de trabajo directos e indirectos asociados a estas obras y nuevas estaciones parecía pan para hoy y pan para mañana. Hasta que el grifo de dinero se paró (qué paradoja) y el prestamista -el estado central entre otros- pidió recuperar la pasta. Adios a los empleos y adios a empresas públicas como el CYII y el Metro, que también está en peligro de ser privatizado con una de las 10 mejores infraestructuras de suburbano del mundo ya construida (con nuestro dinero). Si dicha privatización se consuma, veremos que pasa en Madrid como en otras ciudades con la gestión privada del transporte público: andenes descuidados, vagones sucios, rertasos y cancelaciones sin sentido…
Si no te lo he dicho ya, te lo digo ahora por escrito. Sinceramente creo que las privatizaciones realizadas sobre empresas que se dedican a susministrar servicios básicos no deberían estar en manos especuladoras en ningún caso. Tu primera palabra ha sido “agua” y no “zara” aunque, la verdad sea dicha, no se diferencian tanto entre sí. También creo que debería controlarse el precio de la barra de pan (que se ha salido de madre desde que estamos en el euro), deberíamos recuperar el control de la gestión de las basuras y limpieza, impedir con todas nuestras fuerzas una privatización de la sanidad y OBLIGAR a las grandes empresas de luz, gas, etc. a dar GRATIS sus productos a colegios, insititutos, hospitales o residencias de ancianos…
¿Anticuado? ¿Fuera de la economía de mercad0? Para nada, pero estamos hablando del agua. A-GUA.
